XOLAMENTE…
...Un paseo canófilo por el Centro Histórico de la ciudad de México
Ana María Rivera y Mario Cortés Blancas
Criadores de la raza Xoloitzcuintle desde 1985

EN ESTA OCASIÓN LE VAMOS A INVITAR A DESCUBRIR Y DISFRUTAR DEL CENTRO HISTÓRICO DE LA CIUDAD DE MÉXICO, EN UN PARTICULAR RECORRIDO ENFOCADO ÚNICAMENTE A LA CANOFILIA, EN DONDE CONFIRMAREMOS QUE EL XOLOITZCUINTLE HA SIDO UN IMPORTANTE PARTICIPANTE DE NUESTRA HISTORIA. LE INVITAMOS A PONERSE ROPA Y CALZADO CÓMODOS.

Pocos países cuentan con una historia tan vasta como el nuestro, desde antes del encuentro de dos mundos –preferimos nombrarlo como encuentro de dos mundos al término Conquista-, motivo por el cual nuestro país ha sido reconocido por su gran arquitectura prehispánica, con sus grandes pirámides y templos dedicados a los Dioses Regentes antes de la conquista, así como las enormes ciudades trazadas con extrema exactitud, las cuales contaron con sofisticados sistemas de drenaje y de abastecimiento de agua.

Ni qué decir de la gastronomía tan amplia como variada, tan rica y exótica, en la que podemos encontrar los más variados ingredientes.

Los conocimientos sobre la astronomía y las matemáticas. ¡Los mayas ya utilizaban el cero!

El Xoloitzcuintle siempre ha sido partícipe de todos estos eventos. Ni qué decir sobre la medicina tradicional; de todo esto sabemos gracias a los códices, obras excepcionales de los Tlacuilos. Aquellas personas que llevan un registro de los acontecimientos de la época, utilizando dibujos y glifos. También por las referencias de los escritos de los españoles, y mucho también, hay que reconocerlo, por la tradición oral. Algunos han sido plasmados por grandes artistas plásticos.

Por eso en esta ocasión, usted amigo lector podrá observar parte de todo este acervo a través de estas líneas e imágenes y si tiene la fortuna de vivir en la Ciudad de los Palacios (Cd. de México) o en su área conurbada, sirvan estas líneas como guía turística.

Comenzaremos en la Plaza de la Constitución conocida como el Zócalo de la Ciudad de México; esa gran plaza que se encuentra flanqueada por diversos edificios a cual más de históricos, como el Palacio Nacional, ubicado en el Centro Histórico, es la sede del Poder Ejecutivo Federal de México. Su construcción inició en 1522 como segunda residencia privada de Hernán Cortés, sobre parte del palacio de Moctecuzoma Xocoyotzin, el Huey Tlahtoani (expresión náhuatl usada para denominar a los gobernantes, por lo que la traducción literal significa: “gran gobernante”), edificio que fue luego adquirido por la corona y destinado como sede del Virrey de la Nueva España, periodo en el cual fue incendiado y semidemolido en 1692 y reconstruido por las autoridades virreinales. Consumada la Independencia de México fue destinado como sede de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de los diferentes regímenes republicanos y monárquicos del país, siendo en la década de 1930 su última gran remodelación

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Otra heredad que enmarca la Plaza de la Constitución es el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, como hoy lo conocemos y que alberga al Gobierno del Distrito Federal, el cual sirve para que las autoridades organicen sus funciones en la ciudad. Entre 1527 y 1532 quedó lista la fortaleza. Esa arquitectura era necesaria como protección contra los indígenas, quienes tenían prohibido asentarse en la zona. Y también por un edificio que alberga el “portal de Mercaderes” transformado en el “Gran Hotel de la Ciudad de México” con una original arquitectura "Art Nouveau" y su hermoso vitral Tiffany, que lo han llevado a convertirse en uno de los hoteles-museo más emblemáticos de México. Un hermoso edificio en el corazón de la ciudad, que emana glamour del siglo XIX con un toque contemporáneo.

De la Catedral Metropolitana –ubicada a un costado de Palacio Nacional-, diremos que es parte de la historia del México Virreinal y una narración en piedra de sus diferentes estilos arquitectónicos. Construida a lo largo de tres centurias, en esta obra podemos reconocer elementos renacentistas, barrocos y neoclásicos, que entrelazándose de manera armoniosa forman en conjunto una obra de gran riqueza cultural, única y especial en su género.

Sobre la Catedral comentaremos que la primera piedra fue colocada por Hernán Cortes en 1524, en un acto de gran significado simbólico al situarla en el cruce de las calzadas que desde los cuatro puntos cardinales conducían al centro espiritual de la capital azteca, utilizando en su construcción las piedras que habían formado parte del Templo Mayor de la Gran Tenochtitlan, hasta antes de su destrucción.

Años después -en 1547- se le otorgó a este templo la dignidad de Catedral por parte de la Santa Sede. Tiempo más adelante se realiza la demolición del edificio original y se coloca la piedra fundacional de la actual Catedral por parte del arzobispo Pedro Moya y del virrey Martín Enríquez. El exterior de la Catedral no se finalizó sino hasta 1813, cuando tras siglos de trabajos, es designado el arquitecto Manuel Tolsá para diseñar y concluir las fachadas y campanarios.

En esa gran plaza también está el Museo de Sitio del Templo Mayor, en la calle de Seminario; ahí, desde la calle podemos ver los magníficos vestigios de lo que fueron algunas de las estructuras de la ciudad, constituyen los restos de la gran Tenochtitlan, capital de los aztecas, exactamente donde en algún tiempo estuvo la Casa de los Perros y de la cual ya habíamos comentado con anterioridad (Perros Pura Sangre, enero de 2009)

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En este museo hay una sala dedicada a la flora y fauna. Estos elementos fueron importantes en la vida de los pueblos mesoamericanos. De 120 ofrendas excavadas hasta la fecha, se han registrado restos de animales en 58 de ellas, siendo más de 200 especies reconocidas. Por ejemplo la ofrenda 23 nos muestra diversos elementos de fauna, tanto terrestre como marina. De sumo interés para los “Xoleros”, la Sala 8 nos lleva camino al Mictlán. En ella, se encuentran dos impresionantes figuras de barro, de tamaño natural, que representan a Mictlantecuhtli, Dios de la Muerte y Señor del Mictlán, lugar a donde van los muertos.

Comenzaremos nuestro recorrido en la calle de Seminario, donde convergen La Catedral Metropolitana y el Museo de Sitio del Templo Mayor. Pasemos al museo y entre muchas otras interesantes piezas encontraremos la Estela de Xólotl, sí, nada menos que la representación en piedra del hermano gemelo de Quetzalcóatl. Si usted encamina sus pasos hacia el auditorio de este edificio ubicado en el sótano, encontrará a un Xoloitzcuintle disecado, se trata de un ejemplar de variedad estándar, macho y de nombre Cipactli (Rivera-Cortés). Buen comienzo.

Ahora entremos al mismísimo Palacio Nacional donde podremos disfrutar los grandes patios, encontrarnos disfrutando los murales de Diego Rivera (Guanajuato, 1886 - ciudad de México, 1957). Pintor mexicano, considerado uno de los principales muralistas, quien plasmó escenas de la vida cotidiana de las culturas mesoamericanas en esos impresionantes murales. Incluso podemos ver el encuentro entre las dos culturas y sus reacciones, observando a detalle podremos encontrar plasmados varios ejemplares de Xoloitzcuintle, en diferentes actitudes, las cuales podía interpretar ya que fue poseedor de varios ejemplares de Xoloitzcuintle, principalmente miniatura, y con los cuales convivió en la Casa Azul, en Coyoacán la que compartió con su esposa la pintora Frida Kahlo, algunos testimonios de esta convivencia fueron captados por la gran fotógrafa Dolores Álvarez Bravo. Por cierto, este gran pintor mexicano legó a nuestro país una destacada colección de figuras indígenas que instaló en su casa museo, llamada Anahuacalli. Todo esto ha quedado a cargo de un Patronato encabezado por Dolores Olmedo Patiño, quien también fue propietaria de ejemplares de Xoloitzcuintle.

Ahora caminemos en dirección a la calle de Pino Suarez, atravesemos la calle como si fuéramos al edificio del Antiguo Palacio del Ayuntamiento. Esperemos el alto y con sumo cuidado observemos el piso y encontraremos a mitad de la calle una placa que hace alusión al descubrimiento del monolito de la Coatlicue, en el año de 1790. Ya cruzó la calle, aproveche y disfrute la escultura “Fundación de México Tenochtitlan” obra del maestro Carlos Marquin, la cual se encuentra en un mítico sitio, ahí fue donde los aztecas encontraron la señal con la que Huitzilopochtli les dijo hallarían la tierra prometida: un águila devorando una serpiente sobre un nopal, casi nada, la emblemática imagen de nuestro Escudo Nacional. Ahí terminaron asentándose después de haber salido de Aztlán (hoy San Felipe Aztatán, municipio de Tecuala en el estado de Nayarit) y tras muchos años de recorrido. Era el año 2 Calli, más o menos 1325 y observe que en el piso de esta escultura se encuentra un hermoso mosaico que representa en forma fiel el códice Mendocino. Ahí puede descansar un poco, si el recorrido lo hace en fin de semana podrá observar a los danzantes que en ese lugar se concentran, también encontrará una buena cantidad de material de lectura, casi toda enfocada a la cultura Mexica, algo de artesanías e incluso música. Si lo desea, puede consumir un refrigerio a base de una mezcla de ingredientes autóctonos como maíz, nopales y queso, precaución con la salsa (chile).
Sigamos caminando sobre la calle de Pino Suarez y encontraremos un edificio que en la planta baja alberga diferentes comercios y si ponemos atención veremos una desgastada piedra que nos refiere que ese lugar:
“El 8 de noviembre de 1519 en un paraje llamado Huitzilan se encontraron por primera vez el Rey Moctezuma y Hernán Cortés”

Unos cuantos pasos más adelante deberemos abrir una reja, cruzarla con sigilo, ya que nos estamos adentrando en el edificio que alberga el “Hospital de Jesús” el cual es considerado como el Primer Hospital de América (continental), toda vez que fue fundado por Hernán Cortés en 1524. Con el nombre de la Limpia Concepción de Nuestra Señora, luego se llamó Hospital del Marqués hasta adoptar su nombre actual. Considerado como patrimonio de la humanidad, el hospital conserva entre sus muros obras de arte y objetos de gran valor, como la imagen de la Virgen de la Purísima Concepción.

En nuestra percepción, lo más interesante del recinto son: La Estela de Quetzalcóatl, el monolito que representa al Dios Hermano Gemelo de Xólotl, el Dios-Perro, hallada en 1962 durante las obras del anexo médico de Mesones. Es una hermosa serpiente emplumada; tiene al frente un rostro antropomorfo, tal vez el dios Tláloc. Primer patio.

Subiendo las escaleras hay que admirar un friso colonial atribuido a Juan de Arrúe. Bajo el friso, el mural Historia de la Medicina en México -décadas de los sesenta y setenta del siglo XX-, de Antonio González Orozco (Chihuahua, 1933 pintor muralista que en 1953 ingresó en la Academia de San Carlos, donde conoció y tuvo intercambio de ideas con Diego Rivera) el cual ilustra el encuentro de Moctezuma y Cortés, también bellamente plasmadas las prácticas curativas prehispánicas y el establecimiento de la medicina occidental en América. Observemos y encontraremos la imagen de un Xoloitzcuintle, recordemos que era utilizado para atenuar algunas dolencias, incluso que se creía que si el enfermo dormía con el perro, éste retiraría los males, y que sólo con bañar al perro, al otro día aquel no enfermaría. Se dice que en este recinto estuvieron los restos de Hernán Cortés, exhumados en 1946 y que actualmente se encuentran en el templo de la Purísima Concepción, adyacente a esta construcción.

Todo esto es un preámbulo, ya que puede visitar el mural del maestro Diego Rivera “Paseo de una Tarde Dominical en la Alameda” en el cual aparece el infaltable Xoloitzcuintle. A nuestros lectores más jóvenes les comentaremos que originalmente esta obra se encontraba alojada en el Hotel Regis, en la Alameda Central, y que ese edificio desapareció en el sismo que sacudió a nuestra hermosa ciudad en septiembre de 1985.

También encontrará en el Palacio de Bellas Artes diferentes obras de arte que contienen perros. Además percibiremos obras del maestro oaxaqueño Rufino Tamayo y de González Camarena, quienes también plasmaron xoloitzcuintles. El Palacio de Bellas Artes se localiza casi enfrente a los terrenos donde ahora está edificada la Torre Latinoamericana, terrenos en los cuales se encontraba el Zoológico del emperador Moctecuzoma, y el cual albergaba una gran colección de animales incluyendo xoloitzcuintles.

Y si ya le dio hambre, sin abandonar el Centro Histórico avance sobre la calle de Regina y ubique un mítico y famoso lugar donde encontrará comida prehispánica, ahí podrá degustar escamolli (huevos de insectos) armadillo, jabalí, gusanos de maguey y mucho más, el que hace algunos años incluyó Tepezcuintle. Lugar apreciado por grandes comensales incluyendo presidentes de la República mexicana.

Un recorrido particular, en el cual todo ha tenido como personaje central al Xoloitzcuintle, NUESTRO PERRO. Amigo lector la canofilia no es nada más horas de cuidado y entrenamiento para reunirnos a platicar sobre perros en un parque o salón, o donde sea que lleve a cabo la exposición. La canofilia es un deporte que requiere no sólo un soporte económico, también cultural. El criador de cualquier raza que se precie de serlo, estudia la Norma de Perfección Racial de su estirpe, estudia su origen, evolución e historia y también la del país de origen de la misma, para conocer en base a qué es la función zootécnica de su raza. El criador debe vivir para SU perro, nunca DE su perro. La canofilia puede ser una excelente maestra de historia y un magnífico guía de turistas.

Para leer más:

Para mayor información puede contactar al correo: riveramx05@hotmail.com